Hoy tenemos dos certezas: que el estatuto se va a aprobar, y que mantendrá muchos aspectos inconstitucionales e incluso anticonstitucionales. ¿Cómo se puede detener a estos desgraciados?

Es cierto que a mucha gente del PSOE la idea no les hace ninguna gracia, especialmente a aquellos que saldrán más perjudicados. Pero no hay que engañarse: ni Bono, ni Chávez, ni Ibarra van a suponer una oposición real al ataque combinado nacionalistas-PSC-Zapatero.
Zapatero abrió el camino permitiéndo que se votase un estatuto anticonstitucional, el plan Ibarreche, creando un precedente con el ojo puesto en el estatuto. Para acabar con el estatuto, que no puede verdaderamente ser enmendado sino devuelto por su manifiesta inconstitucionalidad, los socialistas deberán romper su disciplina de partido: al menos 28 socialistas deberán votar en contra. Si no, sólo quedará el TC con la tensión y probable violencia que una declaración de inconstitucionalidad, si bien no crearía, sí le seguiría.
Estos 28 socialistas más los 148 del PP necesitan a alguien que les haga el trabajo duro. No a alguien majete con cuidadas opciones políticas, sino alguien dispuesto a quemarse, a desgastar al gobierno. Que duda cabe que lo mejor sería un socialista, pero sus acciones serán insuficientes. La tendencia natural de un socialista es el regateo. Luego si le presentan 50 artículos inconstitucionales y él quiere 0, acabarán negociando y aceptando 25 o 30 de esos artículos. Y cada artículo anticonstitucional debe ser purgado.
Es por eso la hora de Acebes. Es la hora de mirar directamente al monstruo, desafiarle sin tener nada que perder. El que tome ese papel debe ser consciente que deberá arriesgar su vida política para que este engendro no siga adelante, para que Drácula/Nacionalismo no siga procreando con su novia Zapatero. Si los nacional-socialistas ganan esta vez, ya será imposible detenerlos. El PP está sólo, y necesita 28 diputados del PSOE para parar esta locura.