Este valiente comerciante vallisoletano dueño de una empresa de tapicerías ha decidido romper con sus proveedores catalanes a cuenta del estatuto. Esto está haciendo mucho daño (ver el post anterior) a fe de la respuesta que está recibiendo.
El comerciante, cuya carta ha sido colgada en internet, asegura que recibe muchas llamadas amenazantes.
Esta quizá sea otra de las formas para acabar con el Estatut. Porque el boicot da donde más duele.
Dice Raúl del Pozo que "a Zapatero se le está enfriando la sonrisa, está más flaco, tiene dos colillas en el cenicero, se le nota la inminente alopecia del estrés político". No me lo creo. Más adelante el propio Rodríguez ZP me lo confirma: "el estatuto va a salir razonablemente bien. Reconozco que hay que hacer una tarea pedagógica y transparente para explicar a los ciudadanos que lo que está pasando es bueno para España".
Ayer hablábamos de la presunción de superioridad moral de la izquierda. El fantástico artículo de David Gistau del 20 de octubre, titulado el decoro desmonta este tinglado:
Obsérvese que, tal vez para salvar la estabilidad del tripartito, ninguna de estas normas contra el mal gusto y el ridículo prohíbe hacer el chorra con una corona de espinas ni airear la corrupción del 3% para luego encubrirla ni pedir el ingreso en la francofonía ni exigir la abolición de los títulos nobiliarios ni entablar trato con terroristas ni asaltar piscinas con un carné en la boca y con profusión de michelines ni colocar al hermano de uno para que trinque ni amenazar por escrito a los críticos con pegarles dos tiros o con llevarles a la guerra civil entre comillas.
Lo de Carrillo como honoris causa gracias a un Gabilondo no es sino otro paso más hacia el sectarismo y el intento de cambiar la historia.
"¿No les bastó con el cava?"