No, hoy no es el día de los inocentes. La ministra Trujillo quería de verdad abrir la puerta a la expropiación de pisos, aunque luego fueran las comunidades autónomas las ejecutoras. Esta mujer es incansable. ¿Qué vendrá mañana? ¿La obligatoriedad de acoger a alguien en tu vivienda?
Sin embargo, el hecho más peligroso del que tenemos noticia es hoy es la decisión del alcalde socialista de Fuenlabrada de rescindir la publicidad que tenía contratada el PP con la empresa de transportes. No sólo el incumplimiento de contrato es flagrante, sino que de este modo la empresa de autobuses y la alcaldía demuestran que la publicidad municipal (es decir, un ingreso de sus ciudadanos) se atiene a criterios políticos. ¿Imaginas a Esperanza Aguirre evitando que Rafael Simancas inserte (pagando, claro) carteles en espacios públicos? Yo no puedo.
El hecho es mucho más grave de lo que pueda parecer a primera vista, al menos tan sintomático como que el juez Garzón decida quedarse en Estados Unidos. Porque lo que nos encontramos es un sectarismo sin precedentes que empieza a ver como natural la marginación del Partido Popular, aunque me temo que se dirija a cualquier actitud contraria al discurso oficial.

Rodríguez ZP quería rescatar el parlamento. Sin embargo, la mayoría de las grandes decisiones políticas en España se han tomado mediante reuniones extraparlamentarias, de las cuales una gran mayoría han sido secretas. Es una vuelta al gobierno de camarillas, rigiendo más el peso de determinadas personas que el valor de las ideas.
Unos días nos toca sectarismo, otros incompetencia, pero bien pueden ser los dos. El país se ha convertido en un monopoly.