Rodríguez ZP tiene un dilema: sus ansias soberanas chocan con su irrefrenable pasión por ceder parcelas de soberanía española. ¿Contradictorio? Sí, pero la realidad es así.
La soberanía de Rodríguez ZP es ante todo caprichosa y sentimental. No acepta que su idea de la cesión a los terroristas pueda ser rechazada. Para ello destituye fiscales, quita y otorga información sobre las actividades de ETA y realiza las negociaciones propias en el más absoluto secreto, siendo sólo responsable ante… bueno, ni siquiera eso. La ocultación de la información sobre el terrorismo al PP es grave, pero decirlo e intentar justificarlo es aun peor.

Este absolutismo entraña una serie de conceptos vacíos, que no son sino el deseo de dorar una carcasa ideológica vacía:
No a la guerra de Irak, salvo si se acompaña al portaviones Roosevelt y se participa en misiones pacíficas como en Afganistán
Sí a la democracia, pero con ataques, insultos y coacciones a otras opciones políticas
Sí a la ayuda a otras naciones, pero se pasa el cazo después en Pakistán o en Haití, creyendo que esa responsabilidad es de otros
Sí a la economía de mercado, pero interviniendo y favoreciendo a sectores concretos
Sí a las utopías, pero con conceptos vacíos y sin sentido: desaladoras, promesas de cientos de miles de viviendas.
Sí a la paz, pero pagando cualquier precio, porque en el fondo creen que los asesinos de compañeros suyos (Múgica, Lluch) tenían algún motivo para hacerlo
No a las opiniones contrarias en medios de comunicación y sí a la promoción de los intereses de grupos afines.
Efectivamente, los conceptos del absolutismo no son nada, porque son relativos en función del momento. La autoridad proviene de la persona, de Rodríguez ZP, capaz de decir una cosa y la contraria (estatut) sin que ello suponga una erosión de su autoridad.
Por último, el absolutismo siempre intenta rescribir la historia, negando el pasado y pretendiendo que determinados hechos sucedieran de otra manera: ahí está el intento de cambiar el resultado de la Guerra Civil, de los papeles de Salamanca, y el intento de vender los crímenes de los GAL, con sus autores condenados (aunque desgraciadamente indultados con posterioridad).
Lo más peligroso de todo es que Rodríguez ZP tiene unas ganas locas de pasar a la historia.