Vencedores y vencidos, ésta es la clave, como ya anunciábamos ayer. Las declaraciones de Egibar y del parlamento independentista vasco son la expresión del deseo de que los etarras y sus cómplices no deben ser vencidos. Pero como decíamos ayer, la ley no puede ser el resultado de un pacto con el criminal. Esta es una garantía para las víctimas de ETA, que han aguantado lo indecible sin haberse tomado la justicia por su mano, pero también es una garantía de que el estado no se extralimitará.
Esta imagen no es fruto de un error. De hecho, ha sido muy difícil conseguirla; su valor informativo justifica su presencia. Recuerda el pasado negro del partido socialista, que muchos persisten en negar. Las fotos de Abu Ghraib son deleznables y nos recuerdan que todos debemos de responder ante alguien. Sin la ley, estos crímenes serían algo constante. Los que se sitúan por encima de la ley acaban favoreciendo tales crímenes. Los crímenes de Joxean Lasa y Joxi Zabala a manos del GAL y parte del aparato del estado no pueden ser olvidados ni sus autores indultados.
Rodríguez Zapatero ha decidido cambiar el modelo de estado sin seguir los requisitos a los que obliga la constitución. Además, es preocupante el destino de tales cambios: el federalismo de España en una primera etapa, e inevitablemente después el confederalismo. Las consecuencias son que las deficiencias que puede tener el estado español se van a multiplicar ad nauseam en estos reinecillos de taifas. Si en Cataluña el máximo órgano judicial es el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el control de la justicia por el poder político va a ser inevitable, con el resultado de que la justicia será diferente según el lugar en el que se aplique: si usted no es nacionalista, será un ciudadano de segunda clase en Cataluña, en el País Vasco y luego quien sabe dónde. Así se romperá también la igualdad en el plano social, económico, político…
La España de Zapatero va a desaparecer, porque las funciones del estado se van a transferir a los estados federales, mientras que las competencias residuales y los aspectos internacionales se moverán en Bruselas. Sólo quedarán en manos del estado dos funciones: la defensa y las relaciones exteriores, algo que es inexistente.
Por eso tiene que haber vencedores y vencidos. Los vencedores, los que cumplen la ley. Los vencidos, los que se aprovechan de ella.
El decálogo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo es la quintaesencia de la lucha contra el terrorismo, una recopilación afortunadísima de las cuestiones que tenemos que resolver:
1. Al terrorismo se le derrota. El Estado de Derecho es un pilar irrenunciable de nuestro modelo democrático.
2. Los terroristas no son un interlocutor social. Son criminales organizados para obtener precios políticos mediante el uso del terror y del silencio y miedo que infunden a la sociedad. En la sociedad vasca lo sabemos especialmente bien porque hemos tenido que ir combatiendo cada línea de impunidad construida en estos años. Y falta mucho por hacer como hemos podido ver en Azkoitia o en tantos otros lugares.
3. No se puede edificar la paz sobre el vacío histórico y la desmemoria.
4. Está en juego la paz, pero también la libertad.
5. ¿Qué vamos a contarles a nuestros hijos si se les da la razón en parte a los que han matado y aterrorizado para obtener fines políticos? ¿Quién escribirá la memoria de estos años?
6. Las víctimas, su voz, su memoria, su dignidad, su petición de justicia no pueden ser moneda de cambio para primar a los asesinos y su entorno político.
7. No podemos primar a los que han transmitido la cultura del odio y de la falta de respeto al ser humano.
8. La voz de los terroristas no puede ser situada por encima de la voz de sus víctimas.
9. Cualquier tentación de impunidad social, política o judicial debe ser rechazada. Y las víctimas están especialmente legitimadas para denunciarlo.
10. Tiene que haber vencedores y vencidos."
Casi 1.700.000 firmas para poder hablar sobre el estado que queremos. Algunos critican más las mesas de firmas que las asambleas de los terroristas, sus atentados, y sus palabras de odio.