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Rajoy tiene el reto de reconstruir desde cero la política internacional

Archivado en España • Fecha: 05-03-2006 20:46:10

Si bien el debate de las ideas ha sido menor en la convención a nivel internacional, el PP y España encaran unos retos considerables para la próxima década. Rajoy deberá tener las ideas muy claras en materia internacional, ya que el terreno que herederá será conflictivo, y porque en política internacional rara vez se conceden dos oportunidades.

La dimensión europea. Sin duda, Rajoy ya está “en la onda” en lo que va a ser la Europa del futuro, de ahí la sintonía con Merkel y con Sarkozy. Esto no significa que Sarkozy vaya a salir elegido, ya que el líder galo tiene una creciente oposición que recuerda un poco al histerismo con Aznar, desde que llamó “racaille” (escoria) a los de los “disturbios” en Francia. La cuestión es que la Europa del futuro parece que va a tener liderazgo, pero abandonando del eje París-Berlín. Si los españoles le dan la mayoría a Rajoy para gobernar, España formaría parte de una UE renovada, engrasada, capaz de hacer frente al fiasco constitucional que promovió Zapatero. Sí, sí, Rajoy también, pero la idea de la aprobación express es totalmente zapateril. La razón se ha decantado del lado de Rajoy que quería una constitución de mayor contenido pero más ligera de artículos. Pero mientras que el no de Holanda hubiera sido solamente un contratiempo, el fracaso francés fue un revolcón de las bases de izquierda francesas. El gran objetivo europeo será el establecimiento de unas bases que pongan en marcha la integración de la dimensión social, sin que ello implique un poder directo de Bruselas, junto con la necesaria reforma institucional. La dimensión europea necesita dar un gran salto, para lo cual requiere de liderazgo y de una ciudadanía comprometida y unida.

El Magreb. El papel de Rajoy pasa por vincular a los acuerdos comerciales una serie de aspectos democráticos, así como la creación de una política auténticamente multilateral, sin preferencia hacia Marruecos. Es decir, la ayuda de los países europeos al Zagreb debería concederse a través de la UE hacia una Unión del Magreb Árabe renovada, para conseguir una cooperación entre los propios países de la zona.

Iberoamérica. Los próximos diez años veremos el experimento indígena en el continente americano, así como una radicalización hacia los países exógenos. La tentación de cualquier gobierno de aprovecharse de la situación de oposición hacia los EEUU debe ser dejada de lado. Rajoy debería manejar la probable fricción y actos para dañar la relación de cara a la galería. En la mesa de la UE sigue la propuesta de negociar un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR y Rajoy tendrá la difícil tarea de quitar carga ideológica y buscar acuerdos concretos. El reto consiste en que una buena relación con los EEUU no empañe la relación con Iberoamérica. Al final Castro morirá, y Chávez será rechazado por el pueblo. España deberá jugar un papel de estabilizador en la región para evitar la radicalización de otros países.

EE.UU. Dos retos tiene Rajoy. Primero, profundizar en la relación trasatlántica sin que ello suponga una concertación de políticas, y lograr una mayor presencia económica española. En el primer caso, habrá que establecer un diálogo fluido para evitar errores de comunicación. En cualquier caso, un mayor liderazgo europeo mejorará las relaciones con Washington. Una administración demócrata no sería necesariamente menos agresiva en los conflictos internacionales, y podría estimular la indiferencia europea en algunas cuestiones internacionales.

OTAN. Es probable que la OTAN participe en un mayor número de misiones de paz o de pacificación con su fuerza de intervención rápida. Que el ejército español tiene carencias que deben resolverse es del dominio público. Rajoy debe promover la concertación de la política europea en África y en Asia para hacer frente a conflictos futuros. Evitando todo perfil intervencionista, determinadas acciones en África son necesarias para ayudar a la democratización, a la Unidad Africana, y ayudar a los africanos con sus grandes problemas: la sanidad, la inmigración, la falta de recursos financieros.

2.700.000 firmas sólo pueden significar una cosa. Y no es que 27 personas hayan tenido la paciencia de firmar cientos de miles de veces, sino que se va a aprobar un estatuto sin hacer caso a la opinión de los ciudadanos. La “grandeza” de la democracia es precisamente una persona, un voto. El desprecio de estas firmas supondría la confirmación de la política de desigualdad de los españoles propugnada por Zapatero.

Escrito por fingolfin
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