Hace unas semanas la SGAE demandó a la Frikipedia por una entrada por daños al honor, que por su contenido informativo reproducimos, esperando que la Frikipedia no nos pida royalties. 
La SGAE reclamaba 9000 euros en concepto de honor. Farré ha dicho que demandará a todas las webs que hablen mal de ellos. Hay una campaña a favor de la Frikipedia aunque la susodicha ha llegado a un acuerdo prometiendo no faltar al honor la SGAE. Podéis descargar la entrada correspondiente a la SGAE aquí.
Por cierto, tanto bloggers como lectores, la página www.antizp.org no recibe el mismo caudal de visitas que antes y da problemas de vez en cuando. Además no tiene ahora un buen posicionamiento en los buscadores. Como sé que hay cabezas pensantes, pues lo dejo caer. Y sin más preámbulos os dejo con las versiones de caperucita.
Versión socialista. Había una niña que vivía en un barrio obrero que se definía a si misma como caperucita roja. Nadie la hacía caso hasta que un tren descarriló y se llevó por delante al niño encargado de llevarle la comida a la abuelita, que, aunque muerto, mintió masivamente sobre la participación de caperucita en el descarrilamiento. Un día su progenitor A le dio una cesta con comida y con EL PAIS para llevarla al progenitor A de su progenitor A y con la orden de no entretenerse en el bosque y dialogar con los malvados peperos. Caperucita, amante de la paz, se encontró con el lobo, animal criminalizado que merece una segunda oportunidad. El lobo le preguntó sobre sus planes y Caperucita decidió colaborar para integrar al lobo en la sociedad. El lobo, alertado por la ubicación de la casa obrera de dicho progenitor A, decidió presentarse y lanzar una OPA amigable a dicho progenitor. Engullido el progenitor el lobo se disfrazó de progenitor A y decidió esperar a la llegada de Caperucita. Caperucita reconoció las orejas, los ojos, los colmillos, pero no tenía razones para nodialogar amablemente con el criminalizado lobo, por lo que estaba dispuesta a hacer condiciones dolorosas. Cuando el lobo se comió a Caperucita roja, un leñador fascista que pasaba por allí rajó el vientre del lobo, presuntamente engullidor de Caperucita roja y del progenitor A de su progenitor A. Injustamente, el leñador impidió la reconciliación del lobo con sus víctimas llenándole el vientre de biblias y lanzándolo al río, donde se ahogó.
Versión peneuvista. Había una niña que vivía en el reino mágico de Euskalherria que tenía una capa roja, blanca y verde, y una chapela del mismo color, pero sus amigos no vascos se empeñaban en llamarla caperucita. Una día su abuela le dio dos cestas con comida para que fuera a dársela a su abuelita, y de paso, firmara un contrato de independencia, ya que la abuelita, que vivía en Madrid, se empeñaba en tiranizar a la alegre sociedad de vascos y vascas que vivía en pastoral armonía. Por el camino se encontró al lobo. Al principio le dio un poco de miedo a caperucita, pero tras enterarse de que el lobo había estudiado en un seminario y que quería comerse a un ser humano, caperucita decidió que sería buena idea que cooperaran, ya que así Caperucita se quedaría con la casa de la abuela si ésta se negaba a firmar el contrato. Así, caperucita le dijo donde vivía su abuela, y mientras el lobo se comía a la abuela, caperucita convencía al leñador que pasaba por ahí para que depusiera su hacha, ya que los lobos tenían el derecho a decidir su alimentación. El leñador dijo que sí, pero pidió una seña de buena voluntad. El lobo, que dijo sentirse torturado por la actitud del leñador, juró y perjuró que no se estaba comiendo a la abuela, y pidió un poco de confianza y que le pagaran el impuesto revolucionario. Cuando el leñador se dio cuenta de que había sido engañado, eliminó concienzudamente las pruebas de que había estado allí y se fue de vacaciones. Cuando caperucita fue a instalarse en su casa, el lobo la hizo prisionera, de la que se alimentaría o de la que se serviría para engañar a otras niñas.
Versión català. Caperucita roja era una niña muy rica que trabajaba duramente para dar de comer a todas las abuelas vagas del valle. Cada día, tenía que llevar su dinero a una de estas viejas golfas. Y resulta que Caperucita no era del valle, bueno sí, era del valle pero de un poco más allá, y como la sombra le daba de costado, pues no podía decirse que fueran del mismo valle. La cuestión es que caperucita quería lograr una cierta bilateralidad con las abuelas, para lo cual debía convertir a una parte del valle en valle autónomo. Por el camino se encontró con un lobo que también quería que la parte de valle se convirtiera en valle para tener un terreno propio donde cazar. Caperucita y el lobo se hicieron buenos amigos, y pronto se les unieron otros: la serpiente, el buitre, hasta alguna de las abuelas estaban de acuerdo. Cuando llegaron a casa de la abuelita, ésta sintió un gran remordimiento y decidió conceder todas las peticiones de caperucita. Entonces llegaron a un pacto; dividirían el valle en zonas de influencia y haría un pacto para evitar que el leñador apareciera en cualquiera de ellas. Este leñador era malo, malo. Había provocado una guerra en un extraño país y se oponía a la parcelación del valle en cotos de caza para los lobos y las abuelas conversas. Poco a poco caperucita fue convenciendo a todas las abuelas hasta que un día el leñador, en abierta minoría, fue dejado al antojo del lobo, que no dudó en hacerle pagar sus desdichas pasadas.
Seguro que podéis mejorar el cuento, ¡os animo a ello!